José Aylwin

El legado de Rodolfo Stavenhagen

José Aylwin*

A los 84 años falleció en Cuernavaca, en el estado de Morelos, México, el sociólogo, antropólogo y destacado defensor de derechos humanos Rodolfo Stavenhagen.

Stavenhagen nació en Fráncfort, Alemania, en 1932, y llegó junto a su familia a México en 1940 huyendo del nazismo y la guerra. Con estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Chicago, y en la Universidad de París, tuvo una larga y prolífica labor como investigador y docente de la UNAM y El Colegio de México, donde fue fundador del Centro de Estudios Sociológicos. Fue además profesor invitado en las universidades de Harvard, Stanford, París, Ginebra y de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.

Autor de numerosas obras sobre distintas temáticas, entre las que destacan: Siete tesis equivocadas sobre América Latina; La cuestión étnica; Derechos humanos de los pueblos indígenas; Conflictos étnicos y estado nacional; Entre la ley y la costumbre: El derecho consuetudinario indígena en América; y Derecho indígena y derechos humanos en América Latina.

Su labor docente y sus publicaciones, tuvieron un impacto significativo en la formación de nuevas generaciones de profesionales, muchos de ellos indígenas, en la región y el mundo entero. Ello contribuyó a la visibilización y comprensión sobre la situación de discriminación y los procesos de colonización interna que hasta entonces vivían los pueblos indígenas y otros grupos étnicos en casi todos los continentes y, por cierto, en América Latina. Su lucida reflexión y visión trascendió la academia, incidiendo también en el debate que en las últimas décadas se ha verificado en foros internacionales sobre los derechos de los pueblos indígenas y a la diversidad cultural en general.

Dichas reflexiones constituyeron un aporte a los movimientos indígenas y étnicos de todo el planeta, dando sustento a los debates que resultaron en la aprobación de, entre otros instrumentos internacionales, el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, la Convención de Naciones Unidas sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

A través de su labor como Relator Especial sobre la Situación de los Derechos y libertades fundamentales de los pueblos indígenas de Naciones Unidas, función que ejerció desde el 2001 hasta el 2007, logró también ejercer importante influencia a nivel de los estados en defensa sus derechos. Ello especialmente en la región latinoamericana donde visibilizó las situaciones, muchas veces críticas, de discriminación económica, política y cultural de los pueblos indígenas y de sus integrantes, de despojo de sus tierras de ocupación tradicional, así como la criminalización de su protesta social. Sus recomendaciones para la introducción de transformaciones jurídicas y políticas para revertir las situaciones de opresión de los pueblos indígenas tuvieron en muchos estados gran impacto.

Chile no fue una excepción en este sentido. Rodolfo Stavenhagen visitó Chile en misión oficial como Relator Especial el 2003, en momentos en que los conflictos generados en comunidades indígenas por proyectos de inversión, como la central Ralco, los proyectos carreteros y la expansión forestal, generaban gran conflictividad.

En su Informe de misión a Chile, Rodolfo Stavenhagen observó que en Chile la población indígena en Chile estaba “[…] marginada del reconocimiento y la participación en la vida pública del país, como resultado de una larga historia de negación, exclusión socioeconómica y discriminación por parte de la sociedad mayoritaria.”

Agregó que “los derechos sobre la propiedad de la tierra y la territorialidad constituyen uno de los problemas históricos más graves que afectan a los pueblos indígenas de Chile [ …]”, y que “el programa de compra de tierras para los indígenas […] prevé la titulación privada de predios pero no la restitución de antiguas tierras comunales, se implementa lentamente con recursos insuficientes […] produciendo insatisfacción entre la población indígena. La problemática se complica en lo referente al acceso a los recursos del subsuelo y otros, como son el agua y los productos del mar”. Observó además que “la protección y promoción de los derechos de los indígenas se ha visto afectada por situaciones tales como la construcción de la central hidroeléctrica de Ralco en el Alto Biobio, los problemas para el acceso y explotación de las fuentes acuíferas por parte de aymaras y atacameños en la región árida del norte […]”.

Concluyó recomendado al Estado chileno la adopción de entre otras medidas “[…] la reforma constitucional en materia indígena; una revisión de la legislación sectorial cuyo contenido pueda estar en contradicción con lo establecido en la Ley Indígena; que se preste atención urgente a la prevención y solución de los conflictos basados en la tenencia y explotación de la tierra; que se agilice y amplíe el Fondo de Tierras; que se asegure el acceso a los recursos acuíferos y marítimos de las comunidades indígenas; que se tomen las medidas necesarias para evitar la criminalización de las legítimas actividades de protesta o demandas sociales”.

Lamentablemente sus recomendaciones siguen, en gran medida, sin ser escuchadas por el Estado chileno. De haberlo sido es muy posible que la conflictividad entre el pueblo mapuche, el Estado y los inversores privados en la Araucanía y regiones aledañas, no tuviese la dimensión que hoy tiene.

Quienes tuvimos el privilegio de conocerle, podemos dar cuenta, además, de otra cualidad de Rodolfo Stavenhagen que lo enaltece. Me refiero a su calidad humana, a su sencillez, y a su capacidad de comunicarse en pie de igualdad tanto con mandatarios como con el más postergado integrante de una comunidad indígena. Dicha calidad humana, porque no decirlo, poco común en los intelectuales latinoamericanos de su estatura, tuvo gran impacto en los pueblos indígenas de la región, los que depositaron en él una confianza que nunca defraudó.

Su partida es una pérdida lamentable para la región, para los derechos humanos, y para los pueblos indígenas a quienes dedicó gran parte de sus energías y capacidades. Su mensaje de respeto a la dignidad y derecho de estos pueblos sigue plenamente vigente y nos interpela a seguir trabajando por una sociedad intercultural que ponga fin a la exclusión de estos pueblos y de otros grupos étnicos, así como en que sus derechos sean reconocidos y asegurados.

* Co Director, Observatorio Ciudadano. www.observatorio.cl

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